Una historia de unión vecinal y amor por el cine
En Majadahonda, a las afueras de Madrid, los cines Renoir eran el lugar de encuentro favorito de los vecinos. Muchos acudían varias veces por semana para disfrutar de los últimos estrenos. Sin embargo, en abril de 2013, la familia propietaria decidió cerrar las salas, dejando a la comunidad sin su preciado espacio cultural.
Lejos de resignarse, los majariegos se unieron y recogieron miles de firmas para tratar de impedir el cierre. Aunque no lograron su objetivo inicial, este movimiento vecinal sembró la semilla de lo que se convertiría en una hermosa historia de amor por el cine y la cultura.
De vecinos a emprendedores culturales
Motivados por el apoyo recibido, un grupo de vecinos comenzó a reunirse semanalmente para buscar la forma de resucitar las salas de cine. En aquellas primeras asambleas reinaba el caos y la ilusión a partes iguales. Cada uno tenía su visión sobre qué películas proyectar, pero todos compartían el mismo sueño: darle una nueva vida a los cines Zoco.
Finalmente, con el respaldo de más de 960 socios que aportaron 100 euros cada uno, se lanzaron a la aventura de crear una asociación sin ánimo de lucro para reabrir los cines. Hoy, una década después, los socios fundadores miran atrás con orgullo y aseguran que volverían a vivir esta increíble experiencia.
Más que un cine, un punto de encuentro
Los Cines Zoco se han convertido en mucho más que un lugar donde ver películas. Son un espacio de encuentro y vida comunitaria, donde los vecinos comparten intereses y se ayudan mutuamente. Muchos acuden solos, sabiendo que se encontrarán con amigos y conocidos antes o después de la función.
Además, la asociación ha creado una amplia oferta cultural que incluye coloquios, masterclasses y encuentros con destacados cineastas como Pedro Almodóvar, Fernando Trueba o Isabel Coixet. En total, han organizado más de 570 eventos con la participación de cientos de profesionales del séptimo arte.
Un cine inclusivo y accesible para todos
Los Cines Zoco también han apostado por la inclusión, colaborando con la asociación VenTEA en un proyecto pionero para que las personas con trastornos del espectro autista puedan disfrutar del cine. Una vez al mes, se proyecta una película infantil con la luz y el volumen ajustados a sus necesidades.
El poder de la unión vecinal
Sin duda, el alma de este proyecto son los 920 socios que, año tras año, siguen pagando su cuota y participando activamente en la toma de decisiones. Gracias a ellos, los Cines Zoco, que celebran ahora su décimo aniversario, siguen más vivos que nunca.
Esta historia es un hermoso ejemplo de cómo la unión vecinal puede lograr grandes cosas. Los majariegos demostraron que, con pasión, esfuerzo y un objetivo común, es posible salvar espacios culturales tan valiosos como un cine de barrio. Una lección inspiradora para todos nosotros.